CAMPO-CIUDAD

Visiones de un futuro urbano posible. Escenarios para la ciudad de las tres ecologías – Carlos Verdaguer Viana-Cárdenas (2023)

https://oa.upm.es/75882/










Plan de Fomento y Gestión de la Biodiversidad de la Ciudad de Madrid – Ayuntamiento de Madrid (2023)

(Extractos de Carlos Verdaguer, lecturas de las Tres Ecologías de Guattari sobre el paisaje urbano)

Zwishendstadt

El arquitecto y urbanista alemán Thomas Sieverts sugiere que este urbanismo difuso, que llama zwischenstadt (in-between city / campo-ciudad) se está convirtiendo rápidamente en el paisaje representativo del siglo XXI. Considera estas nuevas conurbaciones como redes policéntricas sin el tradicional centro y periferia reconocibles.
(Mark Davis, 2014)

Esta zwischenstadt, que no es ni ciudad ni paisaje, pero que posee características de ambos, no recibe un nombre adecuado ni es concreta.

Un paisaje hermafrodita, un campo potencialmente urbanizado

Referido a ese paisaje aparentemente caótico que se desarrolla entre las ciudades, este término contribuye a centrar la atención sin ambages en ese territorio cuya ausencia de nombre lo ha condenado a la ausencia de teoría específica y, por consiguiente, de propuestas operativas.

Contemplada desde el interior de la ciudad, la aproximación a estos contornos urbanos en disolución campo-ciudad corresponde a lo que tradicionalmente se ha denominado periferia, una realidad que requiere ser entendida en sus propios términos y potencialidades y que va más allá de la distribución urbana mediante coronas de barrios centrales y periféricos consolidados, para referirse al área misma de interfaz donde la ciudad deja de ser propiamente ciudad.

La periferia es un complejo paisaje cultural en el que ciertas áreas no adquiridas y desprovistas de formas preconcebidas, tales como descampados sin desarrollar y aparcamientos, forman nuevos entornos silvestres.

La periferia es una tierra de nadie, una macroestructura sin forma preconcebida ni destino previsto, en la cual se distribuyen numerosas microestructuras adquiridas y diseñadas individualmente.

Los espacios vacíos son necesarios para desarrollar las capacidades que hacen del ser humano un ser cultural: abrirse, interpretar, asociarse proyectar y recordar. (Sieverts, 2003:44-45)

Podemos percibir la zwischenstadt de un modo apreciativo como una ciudad-archipiélago singular con sus cualidades propias.

La zwischenstadt puede desarrollar cualquier variedad de asentamiento y forma construida, siempre que, en conjunto, sea inteligible con su red de asentamientos y, sobre todo, permanezca inserto como un archipiélago en un par de paisajes interconectados.


Un paisaje-pegamento

La zwischenstadt no posee una identidad independiente ni en la imaginación de sus ocupantes ni como sujeto de políticas. A pesar de su materialidad completamente artificial, la zwischenstadt se ofrece a sus habitantes como algo extraño, diferente e inaprensible.

La conformación de la zwischenstadt ya no puede definirse mediante los recursos tradicionales de la planificación urbana, el diseño urbano y la arquitectura.

El compromiso con la historia de las ideas sobre la planificación y diseño muestra de qué modo tan diferente puede interpretarse y valorarse la zwischenstadt y hasta qué punto ello depende de las imágenes mentales que orientan nuestra perspectiva.


Ciudad-Campo-Ciudad

En lugar de hablar despreciativamente acerca de la dispersión urbana, podríamos reconocer que existe una interpretación de grano fino del espacio abierto y la forma construida y contemplar el espacio abierto como elemento vinculante, con su propio nuevo potencial creativo.

Uno de los principales problemas que dificultan la articulación de estrategias para la intervención en lo intermedio, con el fin de intentar aprovechar sus oportunidades para reorientarla con criterios ecológicos, es lo que denomina su ininteligibilidad. Es decir, su invisibilidad o ausencia en el imaginario social – como indica la propia dificultad de ponerle nombre. La necesidad de que exista alguna forma de apropiación mental como Lugar por parte de sus habitantes aparece cada vez como más relevante.

La realidad compleja del tejido intermedio campo-ciudad que forma la interfaz entre las diversas componentes del archipiélago territorial exige una aproximación mucho más abierta e imaginativa, atenta a los problemas y oportunidades que ofrece su carácter bastardo y alejada de enfoques formularios que pierden su operatividad fuera del ámbito estricto de los entornos urbanos consolidados.


Situar el refugio

Existen espacios anómalos, disfuncionales, indiferenciados, híbridos en los que operar desde este marco favorece su regeneración y permite desde la maleabilidad del No Lugar, hacer Lugar.

Existen espacios que cuesta nombrar, situados en la brecha de categorías excluyentes que se solapan, pero que siempre han estado ahí. Es una zona de sombra en el imaginario colectivo que tiene problemas de clasificación y de gestión, y que por tanto está fuera de las estrategias de intervención y planificación, a pesar de ser evidentes.

El refugio climático es una experimentación desde esos solapamientos, donde intervenir en estos flujos con una intencionalidad clara para transformarlos y revertirlos. Nuevos nodos donde reflexionar sobre la conexión campo-ciudad que es naturaleza-cultura, y generar alternativas en red. En este trabajo se plantea vincular las nociones ampliadas de refugio climático, como oportunidad y palanca de proyecto para instrumentalizar un modelo de intervención en lo intermedio que responda a las necesidades de la crisis ecológica.

Esta investigación se sitúa en el Anillo Periurbano de la ciudad de Madrid, desde las delimitaciones de conectividad ecológica que define el Plan de Fomento y Gestión de la Biodiversidad de la ciudad de Madrid para explorar las dimensiones de refugio climático y testar sus posibilidades de afectar al paisaje urbano.

Como red, implantado a diferentes escalas, tiene como objetivo dotar de uso a aquellos tejidos intermedios para su regeneración y adaptación a la crisis climática.

Se detectan y potencian los lugares de lo intermedio como refugios climáticos para hacerlos visibles y construir imaginarios de transformación del paisaje urbano en clave ecológica.