Exilic Ecologies – Michael Marder (2023)
Reconocer el cambio climático como exilio, puede ser clave para articular respuestas ante este escenario.
Todo organismo, ecosistema o lugar se ve afectado por las fuerzas de la desestabilización y el desplazamiento; todos los refugios y sus articulaciones se ven sacudidas hasta la médula y puestas en movimiento. (Marder, 2023)
Estamos exiliados de la Tierra como refugio
Además de la migración forzada de poblaciones humanas y no humanas de lugares que se han vuelto inhabitables, Marder sostiene que el cambio climático es además el desplazamiento de cualquier idea de lugar en sí misma.
Define el clima como el conjunto de condiciones de emplazamiento local, todo lo que dota a un lugar de su carácter y textura.
La etimología de la palabra clima es múltiple y pasa por significados geométricos, geológicos, geográficos y atmosféricos.
La noción de inclinación que contiene ilustra y sirve para pensar en las mutaciones que genera desde el pliegue del lenguaje.
Clima y lugar son delimitaciones de una misma cosa, y por tanto son conceptos intercambiables.
En la era del cambio climático, aunque nos quedemos en el mismo sitio, el lugar en sí se está moviendo.
Se está produciendo un cambio masivo de lugares, que nos expone a habitar el exilio.
Desplazarse
Pensar este fenómeno desde el agua como elemento, ilustra y ejemplifica este marco desde el que pensar la crisis climática:
También el agua está exiliada de sí misma. Desde el punto de vista de la física, ya sea sólida como el hielo, líquida o gaseosa como los vapores, el agua es la misma sustancia; el número de sus partículas, también, sigue siendo el mismo. Sin embargo, desde el punto de vista ecológico y biológico, importa que el hielo del Ártico y del Antártico se esté derritiendo a un ritmo alarmante, lo que provoca subidas del nivel del mar, cambios en las corrientes oceánicas y diversos bucles de retroalimentación positiva que aceleran el calentamiento global. El ciclo del agua, con sus transiciones de un estado a otro, puede ser un proceso casi mecánico en física, pero, a escala del ecosistema y del planeta, subyace o socava la habitabilidad como tal. Aunque las eras glaciales y los periodos interglaciares también se alternan con relativa regularidad, en cada fase (de glaciación o calentamiento), el elemento agua se exilia de sí mismo, del equilibrio propicio para la prosperidad de cualquier especie dada. (Marder, 2023)
Reinventar el sentido de lugar en un estado de desplazamiento generalizado, nos fuerza a la autorreinvención sobre la autorreproducción de la vida, actualizando los valores de la sostenibilidad. Esta ecología del exilio que define Marder propone habitar en la vulnerabilidad, la exposición y la expulsión compartida con todos los seres humanos y no humanos para rearticular el refugio a todas las escalas.
Esto supone reinterpretar drásticamente el significado de los mecanismos de habitar para elaborar respuestas o estrategias ante la crisis. La noción de refugio desde aquí no parte de las delimitaciones conocidas: individuo, unidad familiar, propiedad, administración y mediación tecnológica con el entorno. Pensar en el termostato podría ser el ejemplo más relevante para explicar esta idea:
Para mantener los cuerpos de los miembros del hogar en un estado confortable, sin importar las condiciones meteorológicas fuera de nuestras ventanas, el aire acondicionado y la calefacción central crean microclimas ideales durante todo el año. Pero, como miles de millones de personas regulan a su antojo la temperatura interior, desregulan el clima liberando gases refrigerantes que agotan la capa de ozono y consumiendo electricidad procedente de fuentes no renovables. Estos efectos nocivos están suficientemente alejados, en el tiempo y en el espacio, de los habitantes de los países “climatizados” para que la ilusión de control total no se vea perturbada. (Marder & International Association for Environmental Philosophy, 2020)
La regulación del control ambiental en la mayoría de edificios hace que seamos parte de un experimento de aclimatación universal.
La producción de un confort térmico interior configura estándares culturales específicos de un clima idealizado y de un sujeto concreto que prospera en ese clima, separándola de un exterior ajeno. (Parikka & Dragona 2023)
Las estrategias para articular refugios climáticos deberían estar alejadas de girar el termostato global a una temperatura adecuada, regulada por objetivos de sistemas de climatización cerrados en sí mismos. Se trata de volver a pensar el clima no como objeto de control si no como envoltura en convergencia de lugares, desde una continuidad que se reensambla.
Desplazarse es una llamada a la acción abierta
Habitar el afuera, espacio abierto
Relacionarse con el aire en vibración constante
Deshacer los límites de lo que existe
Es aclimatarse y es cambiar el modelo
Clima como inclinación que es giro y nos obliga a pensar en su desplazamiento con él
Las ecologías del exilio reinventarán el sentido del lugar en el estado de desplazamiento generalizado. (Marder 2023)
Clima local radical
Cultura conformada en constante exilio
Desidentificación del habitar
El cuidado en el exilio se basa en la experiencia de una no pertenencia compartida, de estar fuera de lugar, irremediablemente desubicado o desplazado, de no estar en casa en ningún sitio o, mejor dicho, de estar en casa sólo en la extrañeza y en la ausencia de un hogar fijo.
No existe la articulación del refugio sin red de cuidados.